El arte y la vergüenza Marc Grau

 

Gilles Deleuze, en la entrada R de Resistencia de la entrevista pautada por el alfabeto que Claire Parnet le realizó entre 1985-86, dice: “Creo que uno de los motivos del arte y del pensamiento es una cierta vergüenza de ser humano. Yo creo que en el origen del arte encontramos esa idea, o ese sentimiento, muy vivo, de una cierta vergüenza de pertenecer a la especie humana.“ Bueno, todos hemos sentido vergüenza alguna vez, sabemos lo que es eso, propia y ajena, pero Deleuze dice que la vergüenza que provoca formar parte de la especie humana está en el origen del arte y que es uno de sus motivos. ¿Es así? ¿No estará exagerando? ¿Y qué otros motivos hay? ¿Y cómo se manifiesta esa vergüenza? ¿En las pinturas de tomates de Barceló —por poner un ejemplo fácil— late la expresión de esa vergüenza? ¿O de las pinturas de tomates de Barceló surgen visiones que avergüenzan? Deleuze continúa: “Esa vergüenza hace que el arte consista en liberar la vida…

Copyright reasons Rogelio López Cuenca
Words with… David G. Torres

 

J(e m)’accuse
Rogelio López Cuenca

Me acuso de tener conciencia de formar parte de un diálogo permanente con una inmensa herencia cultural precedente; de creer que toda obra de arte deriva de otras previas que forma con ellas un tejido, una red, así como con sus contemporáneas y con aquellas otras por venir.

 

Me acuso de creer que los lenguajes que habitamos y somos conforman un patrimonio público −de imágenes, palabras y todo tipo de signos; de creer que cada “obra” es fruto, y provisional,

Cómo distinguir una obra de arte de una fotografía Rosa Olivares

 

Desde que Oliver Sacks nos explicó que había un hombre que confundió a su mujer con un sombrero, sabemos que cualquier cosa es posible. Con tantos años en el mundo del arte tenemos la experiencia de que hay muchas pinturas, esculturas, dibujos, fotografías y todo tipo de actos, objetos y pensamientos que se han confundido, se confunden y se confundirán con una obra de arte hasta el punto de que llegue el momento en que no sepamos definir claramente las diferencias y aceptemos que una obra de arte puede ser cualquier cosa y nadie pueda decir claramente qué es realmente una obra de arte. Me centraré en la fotografía, esa técnica maravillosa cuyo objetivo esencial fue democratizar el arte, hacer que cualquiera pudiera tener su propio retrato en su casa como si fuera un noble o un rico mecenas, y que, finalmente, ha conseguido que todo el mundo, incluso sin haber manejado nunca una máquina de fotografía, se considere un fotógrafo y, por extensión, un artista.

Nada por las patrias F. Sánchez Castillo
350 x 300 px.

Film

¡Huir de la obediencia! Joan M. Minguet Batllori

 

El poder. El poder y poco más. O poco menos. Los tiempos de la creación, los tiempos del arte se confunden con los de las instituciones que lo albergan, que lo protegen, que lo difunden; que lo rehabilitan para poder seguir poseyéndolo, mostrándolo como signo de poderío.

 

Ya lo decía Faulkner, “El pasado nunca muere”, y al pasado artístico es al que recurre la institución para iniciar el gran simulacro: aparentar su interés por la cultura para desposeerla de todo punto de controversia, de anomalía, del descrédito de la propia institución —de las instituciones— que las obras pudieran contener en el momento de su gestación.

 

A partir de aquí, ese poder se ejerce con estrategias que huyen de lo evidente. En el campo del arte el poder trabaja como un funámbulo, aunque el cable sobre el que pasea es lo suficientemente amplio como para que nunca caiga.

Words with… Laura Llevadot

 

Indisposición general. Ensayo sobre la fatiga Martí Peran

 

Así como el capitalismo industrial producía mercancía con valor de cambio y el capitalismo postfordista se orientó hacia la producción de subjetividad, hoy la plusvalía se concentra en la autoproducción de identidad. Se ha impuesto la lógica del sujeto de la autoexplotación, ocupado en sí mismo a tiempo completo. La retórica de la emprendeduría y la publicidad ideologizada son inequívocas al respecto: Do it YourselfI am What I am. Esta nueva consigna productiva –hazte a ti mismo– provoca una generalizada hiperactividad nerviosa. A cada momento nos encontramos bajo la obligación de tomar infinitas pequeñas decisiones en todos los ámbitos (laboral, emocional, social…) que supuestamente nos consignan y nos dispensan visibilidad, pero que se han convertido ya en la nueva fuerza del trabajo: no clausuran nada y garantizan el beneficio generado por la acción constante de la in-quietud. El sujeto se ha confundido con el movimiento incesante de su propia alienación.

Movies
Albert Bayona

 

3 + 1 = 4 persones. Bradien + Eduard Escoffet David Armengol

 

En 2008 trabajaba en un proyecto sobre la obsesión, y como complemento a las exposiciones solíamos organizar actividades paralelas. En la medida de lo posible, estas actividades estaban relacionadas con el sonido, la performance y la música. Por el ciclo pasaron bandas como Zink Tank, músicos como David Crespo (Balago), o propuestas polipoéticas como las de ediciones vinoamargo. “¿Conoces a Bradien?, han sido teloneros de Yo la Tengo, quizás podríamos preguntarles…”, me dijo Daniel Jacoby, uno de los artistas. Bradien abrieron para Yo la tengo en Apolo en 2006, pero yo eso aún no lo sabía. Y no, no los conocía.

 

Contacté entonces con Matías Rossi y le comenté la idea. Un concierto en la azotea del museo, acompañando la inauguración de Pdtpe20dfelp100a de Daniel Jacoby, un proyecto sobre el pronóstico del tiempo en los próximos 100 años.

Parkour en el arte actual – Abyecto

ABYECTO. Muchos creadores, a lo largo de la historia, se han sumergido en un ámbito oscuro y transgresor de lo extremo, lo grotesco y lo monstruoso. Lo abyecto como categoría estética se inspira en la noción psicoanalítica de abyección, tal como la formula Julia Kristeva en su obra Pouvoirs de l’horreur. Essai sur l’abjection (1980).

En la categoría de lo “abyecto” el artista…

El museo: tesoro público / 2 Santiago Eraso

 

Paul B. Preciado, que junto a Valenti Roma fue recientemente despedida de manera injusta por los patronos del MACBA por ser coherentes con sus ideas y consecuente con su trabajo, decía hace poco en un artículo titulado El museo apagado que si queremos salvar el museo quizás tengamos que, paradójicamente, elegir su ruina pública frente a la rentabilidad privada. No la ruina como espectáculo -añadiría yo- sino como posibilidad de partir de cero, como restauración y reconstrucción, a la manera en la que ciertos anacronismos ucrónicos nos muestran aquello que hubiera podido ocurrir de otra manera. Y si no es posible, entonces, quizás -añade Preciado- haya llegado el momento de ocuparlo colectivamente, vaciarlo de deuda y hacer barricadas de sentido. Apagar las luces para que, sin posibilidad alguna de espectáculo, el museo pueda empezar a funcionar como un parlamento de otra sensibilidad; un museo que ponga en…

À midi
Bárbara Sánchez Barroso

Otto-Bloch Dani Montlleó