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Los Papeles Picados: La Catrina y El Laberinto - Mireia Sallarès

Una de las primeras cosas que me fascinó de México fue su arte popular. En concreto los papeles picados, un tipo de artesanía que se elabora con papel de seda o de china y se trabaja a golpe de martillo. Normalmente se usa para eventos festivos, especialmente para el Día de Muertos, en que los mexicanos los colocan en los altares que les hacen a sus difuntos el primer día de noviembre.

 

Como parte del proyecto decidí llevar a cabo una serie de estos papeles. Contacté con un artesano, Miguel Santibáñez, al que había comprado por casualidad unos ejemplares en una feria de arte popular. Desarrollamos el diseño juntos, a partir de varios encuentros y algunas conversaciones. Para mí era importante que el diseño surgiera de la palabra, de nuestra conversación sobre el proyecto.

 

¿Cómo lograr que un papel picado simbolizara todo lo que las mujeres me habían contado de sus historias? La respuesta fue una calavera femenina sonriente. El rostro de la muerte en todas sus formas y maneras. La Catrina mexicana sin cuerpo ni abalorios. Este personaje, que al parecer fue creado antes de la Revolución Mexicana por algunos de los grabadores populares, como José Guadalupe Posada 1, para representar a las mujeres ricas del porfiriato 2, más tarde se convirtió en un icono recurrente en todo el arte mexicano. No hay nada más mexicano que la muerte, y La Catrina en el contexto de Las Muertes Chiquitas, la simboliza de manera hiperbólica.

 

Las Muertes Chiquitas (Papeles Picados) (2010), Mireia Sallarès

Más tarde encargué a Miguel otra serie de papeles picados, esta vez de grandes dimensiones, a partir de una frase extraída del libro de filosofía de Maite Larrauri que analiza la idea del deseo en la filosofía de Gilles Deleuze. La frase dice así: «Tan difícil es desear que incluso resulta fácil conseguir lo que se quiere». La elegí en un intento de ilustrar la dificultad que confrontamos ante nuestro placer y nuestro deseo, algo que iba surgiendo en cada entrevista con las mujeres del proyecto y porque, en mi opinión y de acuerdo con los conceptos del filósofo francés, el deseo es algo mucho más complejo de lo que en realidad creemos, es un proceso, un devenir, una vida. Una filigrana.

Lo que me fascina de los papeles picados mexicanos es precisamente la filigrana, el laberinto que surge a través de sus formas recortadas. Las incisiones del martillo que se abren como heridas. Heridas que en México siempre tienen sentido femenino. Como en un laberinto, en el papel lo que queda es tan importante como lo que se pierde, que es en realidad lo que dibuja la forma. Como el laberinto de la soledad del que habla Octavio Paz.

 

Cuando nos enamoramos nos “abrimos”, mostramos nuestra intimidad, ya que una vieja tradición quiere que el que sufre de amor exhiba sus heridas ante la que ama. Pero al descubrir sus llagas de amor, el enamorado transforma su ser en una imagen, en un objeto que entrega a la contemplación de la mujer -y de sí mismo-. Al mostrarse, invita a que lo contemplen con los mismos ojos piadosos con los que él se contempla. La mirada ajena ya no lo desnuda. (…) Se vuelve su imagen y la mirada que lo contempla.

                     -Fragmento de El laberinto de la soledad, Octavio Paz

 

La extrema decoración y colorido de estos papeles son en realidad, y como diría Octavio Paz, una máscara. Pero hay algo más, algo que nos llega a través del vacío de las formas y los colores vibrantes. Están llenos de contradicciones. Su material es sencillo y poco preciado pero, aún así, son preciosos. Están abiertos, pero su estructura se repliega en sí misma. Son extremadamente frágiles pero se sostienen. Y finalmente son, ante todo, efímeros. No están hechos para perdurar ni para conservarse, sino para acompañarnos mientras celebramos y lloramos. Y es así, en mi opinión, que los papeles picados representan, como en una metáfora, la esencia de las experiencias de los orgasmos, el dolor, la muerte y la historia de vida de estas mujeres y de este proyecto.

 

Y le pedimos al amor -que, siendo deseo, es hambre de comunión, hambre de caer y morir tanto como de renacer- que nos dé un pedazo de vida verdadera, de muerte verdadera. No le pedimos la felicidad, ni el reposo, sino un instante, sólo un instante, de vida plena, en la que se fundan los contrarios y vida y muerte, tiempo y eternidad, pacten. (…) La plenitud, la reunión, que es reposo y dicha, concordancia con el mundo, nos esperan al fin del laberinto de la soledad.

                     -Fragmento de El laberinto de la soledad, Octavio Paz

 

 

NOTAS

1. José Guadalupe Posada (1851-1913).

2. Porfirio Díaz (1830-1915), presidente de México.

 

SALLARÈS, Mireia. “Los Papeles Picados: La Catrina y El Laberinto”. En: Las Muertes Chiquitas. Barcelona: Blume, 2009. Pág 310-311.

“Las Muertes Chiquitas” (trailer) Mireia Sallarès

 

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