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Words with… Martí Peran (Parte 2)
Words with… David G. Torres

 

Cómo distinguir una obra de arte de una fotografía Rosa Olivares

 

Desde que Oliver Sacks nos explicó que había un hombre que confundió a su mujer con un sombrero, sabemos que cualquier cosa es posible. Con tantos años en el mundo del arte tenemos la experiencia de que hay muchas pinturas, esculturas, dibujos, fotografías y todo tipo de actos, objetos y pensamientos que se han confundido, se confunden y se confundirán con una obra de arte hasta el punto de que llegue el momento en que no sepamos definir claramente las diferencias y aceptemos que una obra de arte puede ser cualquier cosa y nadie pueda decir claramente qué es realmente una obra de arte. Me centraré en la fotografía, esa técnica maravillosa cuyo objetivo esencial fue democratizar el arte, hacer que cualquiera pudiera tener su propio retrato en su casa como si fuera un noble o un rico mecenas, y que, finalmente, ha conseguido que todo el mundo, incluso sin haber manejado nunca una máquina de fotografía, se considere un fotógrafo y, por extensión, un artista.

¡Huir de la obediencia! Joan M. Minguet Batllori

 

El poder. El poder y poco más. O poco menos. Los tiempos de la creación, los tiempos del arte se confunden con los de las instituciones que lo albergan, que lo protegen, que lo difunden; que lo rehabilitan para poder seguir poseyéndolo, mostrándolo como signo de poderío.

 

Ya lo decía Faulkner, “El pasado nunca muere”, y al pasado artístico es al que recurre la institución para iniciar el gran simulacro: aparentar su interés por la cultura para desposeerla de todo punto de controversia, de anomalía, del descrédito de la propia institución —de las instituciones— que las obras pudieran contener en el momento de su gestación.

 

A partir de aquí, ese poder se ejerce con estrategias que huyen de lo evidente. En el campo del arte el poder trabaja como un funámbulo, aunque el cable sobre el que pasea es lo suficientemente amplio como para que nunca caiga.

Indisposición general. Ensayo sobre la fatiga Martí Peran

 

Así como el capitalismo industrial producía mercancía con valor de cambio y el capitalismo postfordista se orientó hacia la producción de subjetividad, hoy la plusvalía se concentra en la autoproducción de identidad. Se ha impuesto la lógica del sujeto de la autoexplotación, ocupado en sí mismo a tiempo completo. La retórica de la emprendeduría y la publicidad ideologizada son inequívocas al respecto: Do it YourselfI am What I am. Esta nueva consigna productiva –hazte a ti mismo– provoca una generalizada hiperactividad nerviosa. A cada momento nos encontramos bajo la obligación de tomar infinitas pequeñas decisiones en todos los ámbitos (laboral, emocional, social…) que supuestamente nos consignan y nos dispensan visibilidad, pero que se han convertido ya en la nueva fuerza del trabajo: no clausuran nada y garantizan el beneficio generado por la acción constante de la in-quietud. El sujeto se ha confundido con el movimiento incesante de su propia alienación.

El Abecedario de Gilles Deleuze – S de Style

 

Words with… Fernando Castro Flórez

 

Words with… Joan M. Minguet Batllori

La Emoción Moral José Ramón Otero Roko

 

En el anterior texto que publicamos en Arts Coming “Ética de la Forma” insinuábamos la idea de “emoción moral” como propuesta para evolucionar el concepto de ‘háptica’ elaborado por el crítico de Arte y anarquista Herbert Read. Una emoción moral que se incorpore a la aprehensión más primaria de las creaciones. Porque a pesar de que el Arte ha sido abordado en el siglo XX, y en el XXI, desde todo tipo de categorizaciones técnicas, sensitivas, culturales, su intencionalidad política se ha diseminado en numerosas ocasiones sólo como vulgarización de las obras.  El juicio estético correspondía al crítico. El juicio ético, y su correlato en forma de discusión, a la opinión pública, no compradora y muchas veces no observadora del Arte, en un proceso acentuado desde la irrupción de la postmodernidad por la pregunta ¿quiénes somos nosotros para juzgar la moral del otro?

 

Ética de la Forma José Ramón Otero Roko

 

La emoción estética, repetida como un mantra en la organización social del Arte, se ha transformado en una forma de veto a los valores comunes. El concepto, que originalmente se debe al compositor Arnold Schönberg, en su libro “Escritos de una experiencia musical” (1978), y que hace tres décadas daba cuenta de aquello que iba, en la apreciación de las obras, más allá de lo contingente, lo tangible y relativo, hoy es coartada de una jerarquía cultural basada en intereses y arbitrariedades que surgen precisamente cuando las especies de la crítica y el compromiso en Occidente parecieron agotadas, y que restándose del antagonismo vía integración en el campo ideológico socialiberal, o vía pura evasión, merced a la droga dura del fin de la historia, se retiran a los espacios ya designados como institucionales, o sea correas de transmisión de esa emoción decorativa de los ricos y poderosos que se justifica a sí misma sin requerir ninguna…

Words with… Amanda Cuesta (Parte 2)

 

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