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Notas sobre el 15M - Antonio Gagliano

En un artículo de finales del 2011 publicado en la revista Deodoro, Antonio Gagliano esbozaba una idea de productor cultural descentrado y en constante movimiento, una suerte de agente híbrido capaz de multiplicar los espacios de enunciación de su trabajo y de estar al mismo tiempo adentro del mundo del arte y afuera. El texto nos brinda también la oportunidad de dar un repaso veloz a diferentes formas de cultura visual surgidas a raíz del movimiento del 15M.

 

En los últimos días el movimiento de los indignados parece haber confirmado su musculatura. El 15 de octubre dejó un saldo notable: más de mil ciudades de 90 países movilizadas y la creación de un antecedente inédito en cuanto a organización, escala, impacto en el imaginario y velocidad de diseminación. El “movimiento de múltiples”, como lo llaman algunos, se ha propagado a rincones distantes y poco conectados entre sí, y está funcionando cada vez más como un paraguas elástico donde cobijar el descontento global. En España, la última portada del El Jueves, la más importante revista de humor gráfico del país, subrayaba elocuentemente esta cuestión de la cantidad. “Descubrimos la causa de la crisis: los de arriba no saben contar”. El dibujo mostraba una multitud efervescente manifestándose y dos hombres de traje fumando un puro y murmurando de reojo: “Bah, ¡Cuatro perrosflauta!”.

 

Además del seguimiento cercano que El jueves ha dado a la crisis, durante este 2011 han proliferado innumerables ejemplos de cultura visual relacionada con los Indignados. Están siendo permanentemente recicladas y dispersadas por la web ilustraciones, caricaturas y viñetas extraídas de periódicos y revistas de todo el mundo, stencils y cartelería urbana anónima, proyectos colaborativos de diseñadores que recogen frases de las pancartas, infinitos fotoreportajes amateurs subidos a Flickr o Facebook, fotocollages o détournement de imágenes de archivo. Hace unos pocos meses se han publicado también varios comics que abordan el tema. Tanto “Comix Revolution” como “Yes, we camp!” son compilados de historias cortas de diversos autores como Carlos Giménez o Paco Roca y cuentan con colaboradores ilustres de otros ámbitos como Arcadi Oliveres. “La crisis está siendo un éxito” es un monográfico del incombustible Manel Fontdevila, también dibujante de El jueves, en donde recopila las tiras diarias impresas en Público; “Fagocitosis” de Marcos Prior y Danide, un comic fragmentado sobre la realidad social contemporánea, y

 

Imagen de “Fagocitosis” (2011), de Marcos Prior y Danide

 

finalmente “Españistan” de Aleix Saló, una suerte de narración satírica sobre el origen de la burbuja inmobiliaria en España, que además tiene traducción animada en Youtube. En lo audiovisual entran desde fragmentos televisivos y videoadhesiones hechas por personalidades públicas, clips de registro realizados con celulares hasta películas peinadas a la americana tipo Inside jobs. Se trata sin duda de una proliferación impresionante de contenidos. En un manifiesto lúcido que está circulando por la web, la artista italiana Simona Levi apuntaba varias cosas en esta dirección. La primera es que habría que “normalizar el mainstream, ofrecernos a ser cooptados”. Es decir, entender la recuperación de las formas de la resistencia por parte de las instituciones como un éxito y no un fracaso, utilizando los medios masivos y el pop como una superficie para difundir otro clima de imaginación política. La segunda tendría que ver con la viralidad, con la capacidad de multiplicarnos a toda velocidad y por miles de canales simultáneos. En este sentido, en un entorno habituado a la lectura inmediata, la velocidad del pensamiento en imágenes resultaría un recurso estratégico. La tercera, poner en evidencia la falsedad de los lugares comunes con ironía y sentido común, no con el dogma. “No educamos -sentencia Levi-, compartimos y magnificamos percepciones comunes”.

 

Días antes del 15 de octubre, Michael Hardt y Antonio Negri estuvieron visitando Madrid, dictando unas conferencias en el museo Reina Sofia y posteriormente en un encuentro en La Tabacalera, un centro social ubicado en Lavapiés. Esta última fue una sesión abierta de trabajo para discutir sobre el 15M y sus posibles articulaciones. Una de las principales ideas aparecidas durante la jornada fue la necesidad de crear y experimentar con nuevas formas institucionales. En este sentido, varias intervenciones subrayaban el parentesco inmediato del movimiento con la forma reticular del copyleft. Decía un participante: “la viralidad tiene que ver con el hacer. Y cuando esa es la dinámica, lo que se genera es proliferación; cada vez hay más cosas y cada vez más variadas, entonces resulta muy difícil hacer síntesis. Nuestra manera de comunicar y hacer política tienen la misma lógica del software libre: crear, crear, crear”.

 

Hacer, hacer, hacer.

Las políticas económicas europeas significan hoy la consunción de los subsidios para autores, centros culturales y programas de residencias, como es el caso de la Rijkakademie o la Jan van Eyck en Holanda. Esto implica, entre otras cosas, que los fondos que antes se redireccionaban desde el mundo del arte hacia experimentos institucionales como los sugeridos más arriba, van a tener que surgir ahora de otro sitio. Al mismo tiempo, la situación devuelve a la palestra un conjunto de debates todavía no resueltos en torno a la autonomía de las prácticas artísticas. Porque ¿Cómo defendemos ahora frente al resto de la ciudadanía, en un momento de increíble urgencia política, la inversión del estado en cultura?

 

Queda picando entonces la cuestión de cómo los autores producimos y distribuimos nuestro trabajo. Y en este sentido, la necesidad de pensar la relación entre las flamantes retóricas de profesionalización del sector y la denostada autonomía del arte. Ricardo Basbaum proponía, en un texto ya clásico, la idea de “artista-etc”, esta figura de productor amateur que podía resolver diversas tareas como la curaduría, la crítica, la docencia o la escritura. Frente a la idea del agente-puro, del autor “sintetizado”, hiperprofesional y confinado a una sola actividad, él imaginaba un tipo de agente con la capacidad de desestabilizar las coordenadas institucionales, mezclando los archivos en donde se almacena la memoria de las disciplinas y dispersando su fuerza de trabajo en una serie de circuitos económicos divergentes. Basbaum inscribió su reflexión siempre dentro del perímetro artístico, pero quizás se trata ahora de animarse a salir, de imaginar un personaje aún más difuso, un ciudadano/autor reticular e indignado capaz de multiplicarse a si mismo y de ocupar simultáneamente, como decía Simona Levi, todos los canales de enunciación.

 

La portada “suplente” de El Jueves, incluida a pequeño formato en el dorso de la revista, mostraba también a una serie de hombres de traje reunidos y fumando puros. Unos de ellos se dirigía al resto, haciendo un gesto de calma con las manos: “Tranquilos. Son incapaces de concretar nada”. A ver.

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