Carrito
0 productos
Ver cesta
El arte y la vergüenza - Marc Grau

Gilles Deleuze, en la entrada R de Resistencia de la entrevista pautada por el alfabeto que Claire Parnet le realizó entre 1985-86, dice: “Creo que uno de los motivos del arte y del pensamiento es una cierta vergüenza de ser humano. Yo creo que en el origen del arte encontramos esa idea, o ese sentimiento, muy vivo, de una cierta vergüenza de pertenecer a la especie humana.“ Bueno, todos hemos sentido vergüenza alguna vez, sabemos lo que es eso, propia y ajena, pero Deleuze dice que la vergüenza que provoca formar parte de la especie humana está en el origen del arte y que es uno de sus motivos. ¿Es así? ¿No estará exagerando? ¿Y qué otros motivos hay? ¿Y cómo se manifiesta esa vergüenza? ¿En las pinturas de tomates de Barceló —por poner un ejemplo fácil— late la expresión de esa vergüenza? ¿O de las pinturas de tomates de Barceló surgen visiones que avergüenzan? Deleuze continúa: “Esa vergüenza hace que el arte consista en liberar la vida que el hombre ha encarcelado.” Un momento. Uno: ¿Que el arte consiste en liberar la vida que el ser humano ha encarcelado? ¿Desde cuándo? Dos: ¿Eso se puede decir seriamente, sin sonrojo? Tres: ¿Quiere decir que nuestra vida está encarcelada? Cuatro: ¿Por qué la vergüenza hace que el arte consista en liberar la vida que el ser humano ha encarcelado? Y cinco: ¿Qué tipo de vida libera la gran mayoría de obras que se pueden ver en una feria de arte y qué pinta el mercado en todo esto? No sé, le doy vueltas y no me encaja, la verdad. He asistido a bastantes inauguraciones de exposiciones de arte y… no, no me encaja.

 

barcelo

 

Vale, se puede decir que hacer arte no es fácil y que los artistas no siempre aciertan, o que quizás lo que libera a una persona no es lo mismo que lo que libera a otra, o que dependiendo de la comunidad a la que pertenezcamos buscaremos una u otra cualidad en el arte, está claro, pero Deleuze insiste: “El ser humano no deja de encarcelar la vida, no deja de matarla, y el artista es aquel que libera las potencias de la vida.” Bueno, aquí ya no habla de la vida sino de las potencias de la vida, que no es lo mismo, y parece querer decir que lo que provoca esa vergüenza es que el ser humano no deja de encarcelar y matar la vida. Pero cuando Deleuze habla de vida1 creo que no se está refiriendo a la vida biológica –no hace falta ser filósofo para saber que a los seres humanos nos encanta torturar, matar y joder al otro en general–, sino que se está refiriendo a la vida que se vive, digamos, a una vida que es potencia de vivir, a una vida que no está ya ahí sino que aparece conforme se va viviendo. Entonces, lo que quizás quiso decir sería algo así: el ser humano no deja de encarcelar y matar la potencia de vivir, y la vergüenza que se siente al descubrirlo está en el origen y es uno de los motivos del arte y del pensamiento. Vale, vale, ahora tiene más sentido. Es una crítica al modo de vida humano, digamos, y me temo que no solo al modo de vida occidental. ¿Pero a qué se refiere con lo de que el ser humano no deja de encarcelar y matar la potencia de vivir? ¿Se refiere a que no sabemos vivir en armonía con la naturaleza, con las energías de la tierra, con Dios? ¿Se refiere a que

 

dios

 

no celebramos lo suficiente, a que no sabemos disfrutar de la vida? ¿Se refiere a eso? ¿Y qué sería saber disfrutar de la vida? ¿Sentirse siempre alegre, contento, feliz? ¿Diversión sin fin? No, no, claro. No creo que se refiera a que no sabemos disfrutar de la vida porque nadie puede disfrutar –por poner un ejemplo fácil– con la muerte de un ser cercano, ya sea animal o humano; no podemos impedir que se torture, se viole, se deje morir de hambre o se mate a otros seres humanos, por poner otro ejemplo fácil, pero eso no quiere decir que tengamos que disfrutar con ello y celebrarlo. Entonces podemos llegar a la conclusión de que disfrutar o no de algo es un asunto ético, político2, y que, aunque todo es disfrutable, susceptible de ser disfrutado, hay algo que nos impide, a cada cual, disfrutar de todo, independientemente de lo bien que gestionemos y procesemos las energías universales. Digamos que Deleuze no quiere decir que los seres humanos no sabemos disfrutar de la vida y que eso es vergonzoso, sino que lo vergonzoso es precisamente eso a lo que llamamos vida, que lo vergonzoso es disfrutar con lo que disfrutamos, vaya. O sea, que cuando Deleuze dice que el ser humano no deja de encarcelar y matar la vida se está refiriendo a otra vida, una vida que es solo potencia de vivir, otro vivir que forzosamente alberga en su interior aquello a lo que nosotros llamamos vida. Y eso es lo que, según Deleuze, el arte y el pensamiento intentan revelar, que aquello a lo que nosotros llamamos vida es algo ridículo y, por tanto, vergonzoso. Y parece no tener dudas al respecto, ya que concluye el tema con las siguientes palabras: “Si no sentimos esa vergüenza, no hay motivos para hacer arte”.

 

Claro, ahora se entiende mejor por qué la mayoría de artistas viven y han vivido en una cierta marginalidad y por qué se quiere desterrar a la filosofía de las aulas, tiene sentido, sin necesidad de recurrir a romanticismos. Pero volvamos a lo de la vida encarcelada, que parece más sencillo. ¿Qué elementos de la cultura –porque la vida del ser humano es cultural– mantendrían a la vida encarcelada y en cuanto parece que se libera un poco la volverían a encarcelar? Bueno, pues… si hablamos de encarcelamiento tiene que ser una especie de cierre, ¿no?, creer que la vida está cerrada, que es algo ya hecho, tiene que haber una especie de puertas o aberturas cerradas, algo cerrado, fijo, firme. Vamos a ver. Cuando nosotros llegamos al mundo, la vida, el ser humano, ya llevaba años funcionando, o sea que nos encontramos con algo ya montado, digamos, o ya en proceso. Aprendemos a usar el lenguaje –en el idioma o idiomas que sean–, sobre todo en su faceta más práctica, y vamos descubriendo y descifrando los códigos que ya estaban en marcha antes de nuestra llegada. En muchos casos no podemos elegir, ya sabemos los pasos que tenemos que seguir para pertenecer a la comunidad y ocupar un lugar en ella, y si no los seguimos… pues nos perdemos, quedamos al margen3. Y esa sensación de extravío continúa hasta que encontramos una comunidad o colectividad a la que pertenecer, una comunidad que nos acepte, aunque sea una comunidad de delincuentes. Hasta aquí no veo ningún problema. ¿Por qué va a ser motivo de vergüenza? ¿Se puede hacer de otra forma?

 

La-Capilla-Sixtina

 

En un fragmento del ensayo ¿Qué es la filosofía?, citando a D. H. Lawrence, Deleuze y Guattari hablan de una especie de paraguas o sombrilla. Dicen, más o menos, que los seres humanos protegemos nuestra vida con una especie de paraguas formado por nuestras convicciones, que en el interior del paraguas pintamos un firmamento4, bien bonito –una especie de Capilla Sixtina, por ejemplo–, que nos protege del caos, y que la tarea del arte consiste en rasgar o agujerear ese paraguas-firmamento para que nos mojemos, para que nos empapemos de caos o de incertidumbre –o para poder liberar las potencias de la vida, si seguimos al Deleuze del abecedario de Parnet. Podemos imaginar, entonces, que permanecer bajo la protección del paraguas podría ser una especie de encarcelamiento. Quizás sea eso. Un encarcelamiento que avergüenza porque es auto-encarcelamiento, auto-cierre, y que cuando los artistas agujerean o rasgan las sombrillas, los paraguas, las cúpulas, el firmamento o lo que sea, lo que están haciendo es liberar la vida, liberar algunas de las potencias de la vida que permanecían encarceladas o dormidas o inutilizadas5.

 

Sí, es cierto que todo el mundo exagera –incluso los filósofos–; que existen muchos puntos de vista sobre el ser humano, el arte, la vida y todo eso; y que la mayoría de obras de arte que se ven en los museos, galerías, centros de arte, centros culturales, espacios ocupados, etc, no parecen expresar ningún tipo de vergüenza; pero vamos a hacer un esfuerzo e imaginar que las palabras de Deleuze tienen algún sentido, que nuestras propias convicciones y convenciones o las convicciones y convenciones de la comunidad a la que pertenecemos son las que encarcelan esas otras potencias, que lo que nos encarcela es lo mismo que nos protege, y que el arte y la filosofía, impelidos por un sentimiento de vergüenza, están ahí para ayudarnos a liberar toda la potencia de esa vida encarcelada –o para hacerla temblar al menos–, sin necesidad de recurrir a romanticismos ni exageraciones.

 

 

1. Quiero disculparme por escribir tantas veces la palabra vida (y las que quedan por venir). Tengo que reconocer que no es algo que me satisfaga. Como excusa solo puedo decir que no he sabido como substituirla y que, bueno, aunque es una palabra ambigua –con una familia léxica enorme que se puede aplicar a todo, como la de la palabra muerte–, en el fondo, cumple su función.

 

2. Para evitar confusiones y concretar un poco diré que, para mí, en este contexto, lo político designa todo aquello que tiene que ver con el otro y, ya puestos, que la ética sería la disciplina o la práctica que trata de evitar los posibles conflictos con el otro.

 

3. Seguramente, aunque sigamos los pasos, acabaremos perdidos, a no ser que hayamos sido bendecidos por el don de la autosugestión, o sea, por la fe.

 

4. Del latín firmamentum, “fundamento, apoyo”. En el sistema geocéntrico de Claudio Ptolomeo (año II), la “esfera de las estrellas fijas” constituía la cáscara externa del Universo en cuyo centro se encontraba la Tierra. La idea de “fijas o firmes” continuó con Copérnico y Kepler hasta que la comunidad científica la desechó en el siglo XVIII. El término firmamento se sigue utilizando hoy en día para designar lo que vemos si miramos hacia el cielo en una noche estrellada, sin nubes. Fuentes: Wikipedia, la entrada firme del Breve Diccionario Etimológico de la Lengua Castellana de Joan Corominas y el Diccionario de uso del español de María Moliner.

 

5. Me parece curioso que en un caso Deleuze hable de algo que entra cuando se rasga el paraguas -el caos-, y en otro hable de algo que sale, que se libera -las potencias de la vida. Lo que se hace con el caos es ordenarlo, el caos se tiene que ordenar de alguna forma, aunque sea convirtiendo el caos en un desorden ordenado, y parece que tenga que haber algún tipo de relación entre la domesticación del caos y la liberación de las potencias, de forma que cuanto más caos ordenamos, más potencias se liberan.

 

 

 

 

Consideraciones alrededor del Humanismo Marc Grau

 

En 1982 la UNESCO declaró …que la cultura da al hombre la capacidad de reflexionar sobre sí mismo. Es ella la que hace de nosotros seres específicamente humanos, racionales, críticos y éticamente comprometidos. A través de ella discernimos los valores y efectuamos opciones. A través de ella el hombre se expresa, toma conciencia de sí mismo, se reconoce como un proyecto inacabado, pone en cuestión sus propias realizaciones, busca incansablemente nuevas significaciones y crea obras que lo trascienden. Asombroso. Esta organización mundial lo confirmó hace tiempo, la cultura es lo que hace de nosotros seres específicamente humanos, y eso es lo que andaba buscando cuando empecé a plantearme el contenido de este texto, la propiedad humana. Pensé que si la humanidad asignaba lo propio del ser humano, su propiedad –como la manualidad asigna lo propio de la mano–, las humanidades serían las expresiones o manifestaciones de eso propio y el humanismo la ideología

Masculinity is fragile Mabel Llevat Soy

 

Masculinidad rota = pantalones frágiles

Según O Connell, la forma más interesante de reafirmación de una masculinidad hegemónica en la cultura popular no son los filmes de Rambo de los 80 sino el culto al “emprendedor” en los negocios, o sea, está ligada al capitalismo y a su nuevo tipo de mentalidad racionalista, calculadora y regulada que heredamos desde la revolución industrial, el capitalismo temprano hasta el día de hoy.


Wifredo Prieto en su performance “Pantalones rotos” exhibido en el programa de “Composiciones” durante la última edición del Barcelona Gallery Weekend maneja dos ejes simbólicos, las sedes de la Unidad Montada de la Guardia Urbana de Barcelona, una no tan solapada broma que involucra guardia urbana y caballos como núcleo de poder policial – aparato de coerción del Estado moderno y el vaquero como símbolo de los principios prácticos del capitalismo impulsados a partir…

¡Huir de la obediencia! Joan M. Minguet Batllori

 

El poder. El poder y poco más. O poco menos. Los tiempos de la creación, los tiempos del arte se confunden con los de las instituciones que lo albergan, que lo protegen, que lo difunden; que lo rehabilitan para poder seguir poseyéndolo, mostrándolo como signo de poderío.

 

Ya lo decía Faulkner, “El pasado nunca muere”, y al pasado artístico es al que recurre la institución para iniciar el gran simulacro: aparentar su interés por la cultura para desposeerla de todo punto de controversia, de anomalía, del descrédito de la propia institución —de las instituciones— que las obras pudieran contener en el momento de su gestación.

 

A partir de aquí, ese poder se ejerce con estrategias que huyen de lo evidente. En el campo del arte el poder trabaja como un funámbulo, aunque el cable sobre el que pasea es lo suficientemente amplio como para que nunca caiga.

El museo: tesoro público / 1 Santiago Eraso

 

El estudio de la transformación de los museos va en paralelo al de las políticas culturales y su importancia creciente viene también determinada por el lugar central que ocupan en el urbanismo moderno y contemporáneo.

 

Tras la revolución francesa, el nacimiento de esta institución representa uno de los grandes gestos modernos de secularización, porque los objetos históricos, en otro tiempo ligados a la propiedad feudal o eclesiástica, ven transformado su destino y pasan a ser bienes públicos. La res publica irrumpe entonces y el museo es una de las formas monumentales mediante las que el pueblo celebra y representa su poder. Ese nuevo discurso ilustrado sobrevino en un momento en el que la teoría del arte vinculó también, por primera vez, el juicio estético a la vida comunitaria y, a partir de entonces, asignó a las obras de arte una función social. Para muchos ilustrados, además los museos…

El Abecedario de Gilles Deleuze – R de Resistencia

 

Comentarios

De momento no hay comentarios.
¿Ya estás registrado?   Iniciar sesión