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Consideraciones alrededor del Humanismo - Marc Grau

¿Qué domestica o educa todavía al hombre cuando fracasa el humanismo como escuela de modelar al ser humano? ¿Qué domestica o educa al hombre cuando sus anteriores esfuerzos por domesticarse a sí mismo le han conducido principalmente a tomar el poder sobre todo lo que es? ¿Qué domestica o educa al hombre cuando, tras todos los experimentos anteriores de educar al género humano, sigue sin estar claro quién o qué educa a los educadores y para qué?

Peter Sloterdijk, Sin salvación. Tras la huellas de Heidegger

 

Lo que los hombres tienen en común –que los hace semejantes más que cualquier otra propiedad- es el hecho de que cualquiera puede dañar o dar muerte a cualquiera.

Roberto Esposito, Comunitas

 

 

 

 

Cultura

En 1982 la UNESCO declaró …que la cultura da al hombre la capacidad de reflexionar sobre sí mismo. Es ella la que hace de nosotros seres específicamente humanos, racionales, críticos y éticamente comprometidos. A través de ella discernimos los valores y efectuamos opciones. A través de ella el hombre se expresa, toma conciencia de sí mismo, se reconoce como un proyecto inacabado, pone en cuestión sus propias realizaciones, busca incansablemente nuevas significaciones y crea obras que lo trascienden. Asombroso. Esta organización mundial lo confirmó hace tiempo, la cultura es lo que hace de nosotros seres específicamente humanos, y eso es lo que andaba buscando cuando empecé a plantearme el contenido de este texto, la propiedad humana. Pensé que si la humanidad asignaba lo propio del ser humano, su propiedad –como la manualidad asigna lo propio de la mano–, las humanidades serían las expresiones o manifestaciones de eso propio y el humanismo la ideología o doctrina seguidora de dichas expresiones. Pero lo que quedaba por esclarecer era el contenido de esa propiedad. ¿Qué contiene la humanidad? Y según la UNESCO, a la que pertenecen 195 estados miembros y 10 asociados, una vasta representación humana, está muy claro: lo propio del ser humano es la Cultura. Ahora vamos a intentar discernir en qué consiste eso que llamamos cultura.

 

Pero antes de continuar tengo que confesar que recelo de la descripción del campo de acción de la cultura que describe la UNESCO. Y es que la imagen de la humanidad que resulta de esa descripción no encaja con la que me he ido formando, voluntaria e involuntariamente, a lo largo de los años. ¿Existe una práctica humana que efectúa todo lo que describe? Si una civilización extraterrestre leyese esa declaración se formaría una idea muy equivocada sobre la vida en este planeta y, en caso de visitarnos, la decepción podría ser mayúscula. Pero ya sabemos que los seres humanos tendemos a la exageración y no debería sorprendernos. Han exagerado un poco, no pasa nada, sigamos.

 

Humanismo

 

Sabemos que en Occidente, etimológicamente, la cultura remite al cultivo agrario. O sea que aunque el concepto haya sido manoseado ampliamente la analogía es muy evidente, el ser humano se cultiva a sí mismo a través de la cultura –sea lo que sea– para dar sus mejores frutos, lo mejor de sí. Dar lo mejor de sí. ¿Quién no lo firmaría? Todos los humanos queremos dar lo mejor de nosotros mismos, con cultura o sin ella, pero parece que no es tan fácil. ¿Qué lo impide?

 

En la entrada Cultura de la Enciclopedia libre se puede leer, entre otras cosas, que dos eminentes antropólogos compilaron una lista de 164 definiciones de «cultura» y que llegaron a clasificar más de 250 distintas. O sea que conocemos todas las bondades de la cultura pero aún no sabemos en qué consiste realmente, en qué consisten sus prácticas concretas, necesitamos ejemplos. La UNESCO declara cada año algunas prácticas culturales internacionales como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad. A ver si con algunos de esos ejemplos concretos salimos de dudas.

 

Visitando su web descubro que, en 2010, nuestros castells –una de las tradiciones catalanas más populares– recibieron esa especie de galardón. De lo que resulta que los castells, si nos atenemos a la definición de la práctica cultural que propuso la UNESCO, hacen de nosotros seres racionales, críticos y éticamente comprometidos, y que gracias a esas torres humanas nos reconocemos como un proyecto inacabado, cuestionamos nuestras realizaciones, buscamos incansablemente nuevas significaciones y, en general, son una práctica que transciende al ser humano. Y yo que pensaba que solo era una de las típicas y pintorescas prácticas culturales identitarias. Voy a seguir mirando la lista del patrimonio cultural de la humanidad a ver si encuentro algo que arroje un poco de luz sobre el tema. Hay de todo: catedrales, monumentos, dietas gastronómicas, un montón de bailes folclóricos, prácticas religiosas, técnicas artesanales, hasta bosques. Y muchos saberes. Y muchas máscaras. Repasar toda la lista del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad nos tendría que hacer sentir orgullosos de pertenecer a la especie humana. Cuántos colores, cuánta creatividad, cuánta sabiduría, cuánta belleza, y todos esos tesoros culturales se crearon en tan solo unos pocos miles de años. El conjunto es una loa incondicional y absoluta al dios-humano, sin ningún disimulo. Conclusión: no sé si el ser humano consigue comprometerse éticamente a través de la cultura, pero está claro que la UNESCO no. Y de nuevo no debería sorprendernos. Por poco

 

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que pensemos coincidiremos con Foucault en que el saber y el conjunto de conocimientos que se dan por verdaderos o buenos o valiosos son las formulaciones que mejor se acomodan al ejercicio del poder dominante en una comunidad dada. Por lo que podemos deducir que el conocimiento o los saberes, sean ancestrales o no, se tienen que cribar para separar lo que pertenece a la subjetividad interesada e irracional del poder de lo que pertenece al conocimiento desinteresado y escrupuloso resultante de la conjunción entre percepción, experiencia y razón. Difícil tarea. La humanidad, el humanismo y las humanidades mutan su sentido y contenido dependiendo del sistema de poder al que representen –normalmente ciegamente–, lo que quiere decir que el poder manda sobre las consideraciones humanistas. Parece que el poder es el germen de la cultura, sea lo que sea la cultura. Esto se complica. Pero si convenimos, siguiendo a Deleuze, que el poder es todo aquello que reprime, limita o dirige nuestra potencia de hacer o de no hacer, o sea, nuestra libertad, todo parece que se vuelve más sencillo. O no. Veamos.

 

Impropiedad

Vale, la humanidad –en tanto cualidad de lo humano– asigna lo propio del ser humano, eso lo tenemos claro. El problema es que esa propiedad asignada se presenta siempre como algo abierto, como un contenedor más que como un contenido, y como un contenedor que no se deja llenar. Sí, parece que queremos meter cosas dentro, de todo tipo –sobre todo propiedades con sus atributos–, y creemos que las introducimos, pero no entran nunca, se quedan revoloteando a su alrededor, como moscas apáticas. Algunas se caen en seguida, otras aguantan más, pero ninguna entra. El contenedor que custodia la propiedad humana permanece abierto y vacío, y se parece mucho a un agujero, y no se deja llenar porque la nada no se puede llenar. Yo creo que ese vacío que vivimos como una escisión, esa ausencia, es la clave. Cuando el ser humano se pregunta por su propiedad lo hace sintiendo ese vacío, y ese vacío es la falta de propiedad. El hecho de preguntarnos por la propiedad humana ya es síntoma de su falta. Pensar, que no el pensamiento en sí, es la evidencia de nuestra impropiedad. Lo propio del ser humano es que no tiene nada propio, no tiene esencia, y a la expresión inconsciente de esa carencia es lo que en Occidente se dio en llamar cultura. Y que lo propio del ser humano sea la impropiedad quiere decir que nada le es propio, que está abierto a su impropiedad, o sea, abierto al mundo. El ser humano nace cuando siente esa impropiedad, cuando empieza a pensar, y todo ser humano, todo cuerpo humano se adapta a esa impropiedad como puede, o sea, según su potencia. Pero ya hemos visto que el poder limita y dirige la potencia de cada cual, por lo que podemos decir que el poder no solo dificulta la adaptación del ser humano a su falta de propiedad, sino que también impide su apropiación.

 

Pero si lo propio del ser humano es la impropiedad, ¿de dónde ha sacado el concepto de propiedad? La impropiedad se autogenera y se protege a sí misma duplicándose y disfrazándose de su contrario, la esencia, la propiedad. Igual que el mal se autogenera y se protege disfrazándose del bien y la fealdad disfrazándose de belleza y lo negativo disfrazándose de positivo, por poner algunos ejemplos. La propiedad es consecuencia de la impropiedad. Como la impropiedad no puede crearse a sí misma, ya que no puede reconocerse como impropia, se autogenera creando la propiedad. Y si lo que el ser humano desea es librarse de esa incómoda impropiedad lo que tiene que hacer, en todo caso, es ahondar en ella, abandonarse a ella, no crear esencias, no intentar llenar un agujero que no se puede llenar, porque la propiedad es la impropiedad mirándose al espejo.

 

Pero volvamos a la UNESCO. En la definición de cultura que propuso hay una frase que me intriga: A través de ella discernimos los valores. Si la cultura nos ayuda a discernir los valores es que se da por sentado que los valores ya estaban ahí antes de su aparición. Pero si los valores ya estaban ahí, ¿quién o qué los creó? ¿Dios? ¿Un ser humano pre-cultural? ¿Y qué son los valores? ¿Cuál es su función en la comunidad?

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Algunas consideraciones acerca de la comunidad, el valor, el poder y la potencia

Toda comunidad se articula a través de un poder. El poder secreta la ficción que mantiene en vida a la comunidad. El origen de la comunidad es el miedo al otro. El poder es un mediador entre cuerpos con miedo. En la comunidad uno no se relaciona directamente con el otro, el poder media entre ellos. ¿Pero qué es el poder? El poder se creó por un exceso de aclamación. Se aclamó una potencia. La aclamación unió a los cuerpos separados por el miedo y la falta de propiedad común. Se quiso mantener esa unión y se fijó la potencia, se inmovilizó, se separó del cuerpo. El miedo que sentían el uno por el otro se suspendió. No se eliminó, se aparcó a un lado. Esa suspensión fundó la comunidad. Rápidamente descubrieron las ventajas de vivir sin miedo a que el otro te dé muerte. Al separarla del cuerpo y fijarla, la potencia se transformó en una imagen, en un fantasma, se transformó en poder. ¿Cómo prolongar ese estado de suspensión del miedo? Tenían que aclamar al poder con cierta regularidad. Si el poder se desvanece la comunidad se desvanece con él. Para asegurarse se crearon los valores, que dependían directamente del poder, pequeños poderes que se podían aclamar a diario y se encargarían de dirigir la vida pública. Gracias a los valores el poder se expandió, convirtiendo a algunas potencias en poder, fijándolas, y sometiendo y limitando al resto de las potencias. Cualquier cosa era mejor que convivir con el miedo. El poder se tiene que mantener inmutable, fijo, no puede titubear, el cambio es su enemigo, por eso el poder se tiene que simbolizar. Los valores crearon un modelo de vida en común frágil, irracional, religioso, basado en creencias que lo sostienen con gran dificultad, siempre al límite. Toda comunidad humana se estructura y teje a través de unos valores. Los valores van cambiando, se van incorporando nuevos, desaparecen otros, algunos se expanden y crecen tanto que llegan a competir con el poder mismo. Los valores se aclaman. La aclamación pertenece a la esfera del valor. Los valores pertenecen a la esfera del poder. El poder es Dios, el caga-valores, y aunque tiene muchas caras siempre es igual a sí mismo, es el espejismo fundador. La potencia, apegada a la impropiedad, nunca es igual a sí misma. El espacio público se proyecta desde el poder y es su hábitat natural. Todas las comunidades orbitan a su alrededor. El poder no piensa, las potencias piensan por él. Las potencias luchan, el poder no, las potencias luchan por él. El poder no es físico, es mental y abstracto. Las potencias nunca se desligan de lo físico, son lo físico. La experiencia no forma parte de la esfera del poder. Las creencias se sostienen por medio de la aclamación. El tejido de la comunidad es la creencia. Creer es aceptar como verdad una cosa cuyo conocimiento no se tiene por propia experiencia, sino que le es comunicado por otros. Comer no es un valor, pero sí la gastronomía. Amar no es un valor, pero sí el amor. La verdad es algo que nunca debió convertirse en valor. En el mundo de los valores solo existen significantes y aclamación. Los valores se sitúan más allá de lo físico. Un cuerpo puede pertenecer a varias comunidades al mismo tiempo. Las comunidades siempre son culturales. Todo símbolo es la expresión de un valor. Bandera, cruz, estrella, árbol. Los monumentos. El valor es un símbolo. La forma de los valores va cambiando pero el contenido siempre es el mismo, la aclamación del poder. La aparición de un nuevo valor en una comunidad indica un deslazamiento del poder o el nacimiento de una nueva comunidad en el interior de la primera, una nueva comunidad que puede o no escindirse de la primera. Los valores también reprimen, limitan o dirigen nuestra potencia de hacer o de no hacer. Como las comunidades son siempre religiosas, no existe creencia religiosa sin el poder y sus símbolos. El objetivo de las creencias religiosas no es el de buscar un sentido a la existencia, su objetivo es el de mantener viva a la comunidad, una comunidad que garantice que tu semejante no te va a dañar o a dar muerte. Restos del miedo originario siguen latentes en la forma social y pública del respeto. La comunidad se desea, pero no es un valor, es el espacio en el que se desarrollan los valores. Todos los valores necesitan la expresión pública para poder ser aclamados, también el poder. Un valor sin expresión pública no es un valor. El poder es externo, la potencia interna. El poder, en cuanto externo, crea adicción; la potencia, en cuanto interna, no. El poder es la potencia mirándose al espejo, su reflejo. Cuando, por falta de aclamación, el poder se aleja de un cuerpo, ya no hay posibilidad de recuperar la potencia que ese cuerpo había albergado. La potencia disminuye si se siente aclamada porque la aclamación despierta el poder. La potencia se siente incómoda en lo estático, en lo fijo, necesita la transformación. El poder necesita lo estático, lo fijo. Monumento, fotografía, retrato. La potencia ama lo pequeño, el poder lo grande. Las grandes comunidades son mucho más difíciles de mantener que las pequeñas, ya que necesitan de un dispositivo mayor de aclamación. Hay valores que se enfrentan entre sí, pero nunca pelean directamente, no son físicos. Dos comunidades se exterminan una a la otra porque no comparten los valores ni los símbolos del poder, aunque el poder sea el mismo, y entonces el miedo a que el otro te dé muerte vuelve a ser incisivo.

 

La cultura, o al menos la cultura desde el punto de vista humanista, es un valor. Todos los valores pertenecen a alguna comunidad y toda comunidad es religiosa. La cultura, tal y como la defiende y describe la UNESCO, es un valor que pertenece a una comunidad religiosa concreta, el Humanismo. Pero la cultura, entendida en cambio como el conjunto de costumbres y prácticas de las comunidades humanas, incluidas las costumbres y prácticas que avergüenzan, que son la mayoría, es la que creó los valores. La cultura siempre es la cultura de los valores. Lo que comparten todos los pueblos de la humanidad es que sus comunidades culturales se rigen por valores que orbitan alrededor de un poder. El arte, la ciencia y la filosofía son algunos de los refugios de las potencias, también el amor, y tienen la capacidad de cuestionar la cultura y sus valores. La cultura se defiende de ese cuestionamiento extrayendo de los cuerpos la cualidad de esas prácticas y convirtiéndolas en valor. El arte, la ciencia y la filosofía se defienden a su vez como pueden, o sea, según su potencia. Y en eso estamos.

 

 

Enero, 2017

 

El arte y la vergüenza Marc Grau

 

Gilles Deleuze, en la entrada R de Resistencia de la entrevista pautada por el alfabeto que Claire Parnet le realizó entre 1985-86, dice: “Creo que uno de los motivos del arte y del pensamiento es una cierta vergüenza de ser humano. Yo creo que en el origen del arte encontramos esa idea, o ese sentimiento, muy vivo, de una cierta vergüenza de pertenecer a la especie humana.“ Bueno, todos hemos sentido vergüenza alguna vez, sabemos lo que es eso, propia y ajena, pero Deleuze dice que la vergüenza que provoca formar parte de la especie humana está en el origen del arte y que es uno de sus motivos. ¿Es así? ¿No estará exagerando? ¿Y qué otros motivos hay? ¿Y cómo se manifiesta esa vergüenza? ¿En las pinturas de tomates de Barceló —por poner un ejemplo fácil— late la expresión de esa vergüenza? ¿O de las pinturas de tomates de Barceló surgen visiones que avergüenzan? Deleuze continúa: “Esa vergüenza hace que el arte consista en liberar la vida…

Words with… Laura Llevadot

 

El Abecedario de Gilles Deleuze – P de Profesor

 

El Abecedario de Gilles Deleuze / M de Maladie (Enfermedad)

 

Words with… Amanda Cuesta (Parte 2)

 

Words with… Martí Peran (Parte 1)

 

El Abecedario de Gilles Deleuze – C de Cultura

 

El Abecedario de Gilles Deleuze – A de Animal

 

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