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3 + 1 = 4 persones. Bradien + Eduard Escoffet - David Armengol

En 2008 trabajaba en un proyecto sobre la obsesión, y como complemento a las exposiciones solíamos organizar actividades paralelas. En la medida de lo posible, estas actividades estaban relacionadas con el sonido, la performance y la música. Por el ciclo pasaron bandas como Zink Tank, músicos como David Crespo (Balago), o propuestas polipoéticas como las de ediciones vinoamargo. “¿Conoces a Bradien?, han sido teloneros de Yo la Tengo, quizás podríamos preguntarles…”, me dijo Daniel Jacoby, uno de los artistas. Bradien abrieron para Yo la tengo en Apolo en 2006, pero yo eso aún no lo sabía. Y no, no los conocía.

 

Contacté entonces con Matías Rossi y le comenté la idea. Un concierto en la azotea del museo, acompañando la inauguración de Pdtpe20dfelp100a de Daniel Jacoby, un proyecto sobre el pronóstico del tiempo en los próximos 100 años. Y Matías aceptó, encantado. El concierto fue muy especial para nosotros, para mi. Todo muy precario. Honorarios simbólicos, el micra cargado de instrumentos, bocadillo juntos, altas horas… Así nació mi relación con Bradien.

 

Desde entonces, los he visto en numerosas ocasiones, y también he tenido la oportunidad de organizar algunos conciertos suyos, incluida una rareza bonita. Para el 30 cumpleaños de mi hermana, en 2010, Mariana y yo le regalamos un concierto. Otra vez el micra cargado con los instrumentos de Bradien.

 

Bradien es/era un grupo de pop instrumental, un grupo de pop sin voz, sin cantante. Recupero de su página web algo que escribí sobre ellos en 2008: Una banda afincada en Barcelona que explora las posibilidades de la instrumentación pop al margen de la voz. Desarrollos en los que los diferentes instrumentos – guitarras, bajo, trompetas, xilófono, melódica, visuales (que funcionan como un instrumento más) – actúan de forma desjerarquizada para construir un sonido personal en el que cohabitan elementos propios del surf/tropical, la electrónica o el pop melódico.

 

Siete años después, Bradien siguen fieles a esa instrumentación, aunque ahora más electrónicos y menos surfers/tropicales, y siguen sin cantante. Quizás nunca tendrán un cantante. Eso sí, ya no están al margen de la voz, sino todo lo contrario.

 

 

El 23 de abril de 2010, veo por primera vez a Bradien junto a Eduard Escoffet en La Noche de los Libros de Madrid. El recital-concierto es al aire libre, en una plaza repleta de gente; un entorno excesivamente ruidoso y disperso como para disfrutar del diálogo voz /sonido que proponen. Aún así, me cautiva. Pienso en algunas conversaciones con Matías sobre la incursión de la voz en Bradien. Realmente nunca fueron un grupo instrumental al uso. Pese al detallismo hipnótico de su música, diría que sus temas siempre jugaron un poco con la expectativa de la inminente llegada de una voz. Una ausencia que brindaba la entrada a otros registros experimentales: la melódica, la trompeta, o incluso los visuales, estos últimos muy importantes siempre tanto en Bradien como en Bradien + Eduard Escoffet. Finalmente, cuando tras el maravilloso Linden (spa.RK, 2009) – su disco de debut – y algunas colaboraciones (pienso en el vinilo de 7’’ junto a los escoceses Dosimat), apareció la voz en Bradien, pasó algo inesperado. La voz no cantaba, la voz recitaba.

 

La primera vez que vi en directo a Bradien + Eduard Escoffet fue en noviembre de 2012 en la Fundació Joan Miró. Ellos presentaban Pols en al auditorio, y yo una publicación junto a Jordi Mitjà en el marco del Espai 13. La coincidencia fue fantástica. Desde entonces los he visto en cuatro ocasiones más (MACBA, 2013; Almo2bar, 2014; Sala Hisoshima, 2015 y Arts Santa Mónica, dentro del Ingràvid, 2015), así que, más o menos, he podido ver como voz y sonido se han ido fusionando cada vez más hasta llegar a unos niveles de conexión perfecta. Y lo que más me gusta en este equilibrio – un equilibrio conceptual y sonoro – es que ni las palabras de Escoffet ni la electrónica de Bradien parecen tener que esforzarse en absoluto para encajar entre ellos. Todo es fluido, todo es orgánico. Eduard recita con un envoltorio musical imprescindible, Bradien arropa sus palabras con total autonomía. Nada sobra, y nada falta. No hay jerarquía. A veces manda la voz, a veces no.

 

El pasado jueves 2 de julio, dentro del programa de actividades del Ingràvid(Festival de Cultura Contemporània de L’Empordà), Bradien + Eduard Escoffet presentaron Escala – su segundo disco, también en spa.RK, como Pols (2012), también diseñado por Todojunto, también responsables de los visuales en directo – en Arts Santa Mónica (Barcelona). Y ahí estábamos, esta vez en primera fila, los dos, los tres, los cuatro. Nosotros dos y dos poetas, polipoetas. Un costabravista y un canario. Un concierto magnífico, próximo, emocionante. Una proximidad que nos permitía disfrutar del conjunto y del detalle. Eduard a la voz, con su pedal activado con la mano, colocado en el atril (esto le gustó mucho al costabravista, que también lo usa, pero con el pie, a lo guitarrista de noise). Pope con las programaciones, la melódica, la trompeta. Cuando entra la trompeta hay siempre un momento de éxtasis, nosotros dos siempre lo notamos. Cuando entra la melódica, Pope es Hamelin, y lo seguiríamos donde nos llevara. Balbini al bajo, ofreciendo una profundidad densa y poderosa; una euforia sorda, silenciosa; hay momentos en los que sólo quieres mirarle a él. Y Matías a la batería, a la guitarra eléctrica, rodeado de sintetizadores, computadoras… el más Yo la tengo de todos, el primer Bradien, el que controla todo lo que sucede en el escenario. En definitiva, tres sonidos y una palabra que ya no quieren ir por separado. Hay rumores que sostienen que allí, en primera fila, bailamos y movimos la cabeza cual concierto de Hip Hop, enloquecidos pero prudentes. El costabravista silbó, por él y por mi (que no sé silbar en formato concierto, solo en trino), tú no silbaste porque sólo sabes hacerlo en plan hooligan (arriba la celeste), el canario tampoco silbó. Ayer, en casa del costabravista, escuchamos dos discos de Yo la tengo. Esto suena a Bradien, pensé.

 

 

Publicado originalmente en http://eltontodelasluces.com/ el 5 de julio de 2105

 

 

 

El Abecedario de Gilles Deleuze – O de Ópera

 

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